Mostrando las entradas con la etiqueta urbicidios. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta urbicidios. Mostrar todas las entradas

sábado, abril 30, 2011

La tala, los sueños infantiles y la Misión Vivienda Venezuela

La sombra de estos árboles desaparecerá si no luchamos por ellos.



"2º Que en todos los puntos en que el terreno prometa hacer prosperar una especie
de planta mayor cualquiera, se emprenda una plantación reglada a costa del Estado,
hasta el número de un millón de árboles, prefieriendo los lugares
donde haya más necesidad de ellos"
Decreto de Chuquisaca
19 de diciembre de 1825. Simón Bolívar.

Árbol donde es tan sosegada
la pulsación del existir,
y ves mis fuerzas la agitada
fiebre del mundo consumir

Árbol que no eres otra cosa
que dulce entraña de mujer,
pues cada rama mece airosa
en cada leve nido un ser

Himno al árbol de Gabriela Mistral


¡Cambiemos el sistema, no el clima!

Consigna popular lanzada en la Cumbre de Copenhague (COP15) Dic 2009,
recogida en la Declaración de los Pueblos por la Justicia Climática


Que se elimine el himno al árbol, que desaparezca, que se olvide, que se borre de la memoria para siempre. Decretemos el fin de la hipocresía de una buena vez y hagamos himnos al cemento y al concreto, para ser coherentes. No le arriesguemos más ilusiones a las quimeras, aquí a nadie le importan los árboles, viejos o nuevos, recién sembrados o centenarios. Desmiéntame. Lo sé. Sé que la Misión Árbol, proyecto bandera del ecosocialismo bolivariano ha conformado 3.634 comités conservacionistas —a ellxs especialmente me dirijo aquí— a lxs treinta y ocho mil trescientos cincuenta y cinco (38.355) almas sensibles y guardianes del ambiente que los conforman. Sé también que la Misión Árbol ha ejecutado 967 proyectos educativos y que han alcanzado los 2.590 proyectos comunitarios. También sé que todas estas almas ecologistas han recolectado 125.249 kilos de semillas que esperan siembra, que además establecieron 2.796 viveros, esas maternidades vegetales tan esperanzadoras para la humanidad. Me consta que han producido, para fortalecer aún más esa esperanza, más de treinta y siete millones noventa y tres mil setecientas cinco plantas: 37.093.705 y que han plantado veintidos mil setecientas sesenta y cuatro (22.764) hectáreas de verde. También se que esta maravillosa idea que nos coloca a la vanguardia de las acciones ambientalistas más urgentes que requiere este empobrecido planeta fue responsabilidad de Hugo Rafael Chávez Frías, fue su culpa también. Él, bolivariano como es, conocedor avezado de los textos de Bolívar, inspirado en el Libertador, una vez más, retomó Chuquisaca, decreto de 1825 de ese visionario que en su momento era perfectamente consciente de la importancia estratégica de la siembra de árboles para conservar los ríos y la producción de oxígeno y agua, en fin, para la vida misma. A Chávez también le hablo, voté por él y lo seguiré haciendo.

No soy atea, para decepción de muchxs e indiferencia de otrxs. Y sé muy bien que este es un estado laico, y que Dios debe tener asuntos muchos más urgentes que resolver, como los bombardeos de la OTAN a Libia, sin embargo, en este caso, hasta la protección e intervención divina invocaré, ningún apoyo está demás. Que Dios nos ayude. El 2011 es el año internacional de los bosques, establecido así por la Organización de las Naciones Unidas. Y aunque estas cosas sean un saludo a la bandera y las Metas del Milenio son tibias comparadas con las del Gobierno Bolivariano, aunque sea por cuestión de formas, hemos estado promocionando y dándole cumplimiento a estos indicadores impuestos por el foro internacional. Lo duro, es que se convierte en una burla, una amarga ironía que ahora en nombre del desarrollo, el progreso, la solidaridad y la necesidad de viviendas de mis compatriotas y hasta del buen vivir, inspirado en el quichua SUMAK KAWSAY o el SUMA QAMAÑA aymara, vengan a talarnos los árboles para construir viviendas...
En nombre del buen vivir no pueden arrasar con los espacios verdes —pocos y maltratados— de la gran Caracas. Es el caso del proyecto planteado para el Paseo Vargas y las zonas aledañas de la avenida Bolívar, a la altura de Parque Carabobo. ¿Qué es eso? ¿A quién tengo que pedirle explicaciones, por favor? Honestamente me niego a pensar que un arquitecto y poeta como Farruco Sesto avale la tala en pleno centro de la ciudad, donde más tránsito automotor existe y donde más se requiere vegetación que absorba CO2, principal gas responsable del efecto invernadero. Supongo que no tendría que abundar en defensa de los árboles.

No me maten. Al fondo los montones de arena y los árboles de caucho

También es verdad que mis compatriotas necesitan viviendas, pero veamos a qué precio y con qué criterios se realiza la planificación de este crecimiento urbano, en pleno corazón de Caracas, la malquerida. Suponiendo que la haya, claro. Quiero pensar que hay planificación, que hay coordinación entre los diferentes niveles de gobierno y entre los distintos decisores responsables. Porque me niego a pensar que un ingeniero sobresaliente y revolucionario como Ricardo Molina, ministro de Vivienda y Hábitat, avale la tala de árboles. Me niego a creer que la ingeniera Jacqueline Faría, corredactora de la bellísima Ley Orgánica para la Prestación de los Servicios de Agua Potable y Saneamiento (LOPSAPS) que ha dado más derechos que deberes a los suscriptores, que ha establecido el agua como bien de dominio público no privatizable, me niego a creer que ella, en su condición de jefa máxima del Gobierno Capital, respalde la tala y destrucción de la naturaleza. Ella luchó a brazo partido contra la minería ilegal en el estado Bolívar, rechazó los ecocidios producidos por la explotación del carbón en El Socuy, nos explicó brillantemente a lxs venezolanxs cómo preservar la cuenca del Caroní. El poeta Jorge Rodríguez, psiquiatra y alcalde del municipio más conflictivo de la Gran Caracas, sabe lo que significan los espacios recreativos. A él, espero yo, no le pase lo que a Bernal, que dejó levantarse un elefante blanco esperpéntico como lo que sería el Sambil, ahora refugio de algunos compatriotas desamparados por las más recientes lluvias de diciembre pasado.

Aquí estamos ante un conflicto de uso de los espacios, unos deseamos que los terrenos del Paseo Vargas permanezcan verdes y permitan el funcionamiento de escuelas de fútbol infantil. Estos niños que practican deportes en ese espacio no amenazan a los árboles, al contrario, allí sueñan y juegan bajo sus sombras, allí desarrollan disciplina, camaradería, espíritu de equipo, allí, como los árboles, no perjudican a nadie, todo lo contrario. La construcción de viviendas para lxs compatriotas damnificadxs es urgente y legítima, pero no a costa de un pequeño bosque estratégicamente ubicado entre tanto asfalto, cemento y monóxido. Sabemos que la visión de desarrollo capitalista no dudaría ni un momento en su visión de rentabilidad si tuviera que elegir entre unos árboles que cobijan a niños de escasos recursos que con mucho esfuerzo practican fútbol bajo su sombra y un conjunto de viviendas o un centro comercial. Ni hablar del impacto que tendrán en los precarios servicios públicos al abultarse la densidad poblacional de esta zona.

El conflicto de uso podría resolverse aplicando la ley y el sentido común, no el oportunismo y la demagogia que nos cobrará carísimo estos desmanes en el futuro inmediato. La solución a la crisis de vivienda pasa por la planificación que respete la naturaleza, no puede depredarla, arrasar árboles y zonas verdes y hundirnos en el asfalto y el cemento. Es un problema ético político resolver estas cuestiones procurando el equilibrio, pero además, privilegiando la visión ecológica, la dimensión humana de la ciudad. Creo que un imperativo ético nos llama a la coherencia entre nuestra prédica y nuestras acciones. Si el Paseo Vargas fue un proyecto concebido para el esparcimiento y la recreación, deberíamos repensarlo sin mezquindades ni miopías que atropellan a los más vulnerables. No es poca cosa lo que nos dice el planeta con el calentamiento global y la alteración de los ritmos de la naturaleza que nos castiga con inundaciones, sequías extremas, tornados, tsunamis. En cada pequeño acto, en cada árbol que talamos, cada desecho con el que contaminamos, contribuimos al desequilibrio de los ecosistemas y no nos salvaremos de las consecuencias que de paso dejaremos de herencia a los que vienen. Impidamos la tala de estos árboles. Impidamos la tala de estos árboles, porque las vainas son verdes. Articulemos la lucha en su defensa.

martes, diciembre 23, 2008

Crónica de un escándalo anunciado: Cómo construir una mole invisible

La comunidad jamás fue consultada y nadie vio nada en tres años


Me uno a la propuesta de Roberto Hernández Montoya de implosionar la esperpéntica mole de concreto y cabilla llamada Sambil, construida en la Candelaria. A este río le venían sonando esas piedras desde hace largo rato. Desde que empezaron a preparar el terreno, los vecinos nos pusimos en guardia.
Esta monserga añeja se tradujo en la crónica de un escándalo anunciado: ¿y los responsables? De nuevo el tema de la impunidad. "La respuesta a las necesidades de los pobres no puede plantearse con ideas pobres", decían los honorables arquitectos que escriben semanalmente en Últimas Noticias en un excelente artículo titulado "Sambil, reto socialista", que analizaba las consecuencias urbanísticas de la construcción de ese mamotreto asfixiante.
Deshacer lo hecho conlleva pérdidas tras pérdidas. Del capital político ni hablemos, eso también se va desgastando, se ha dilapidado por la vía de las decisiones ¿o desgobierno? erráticas de quienes asumen cargos de elección popular y miran hacia otro lado mientras crecen estas fortalezas del capitalismo más despreciable y deshumanizado.

El mamotreto del Sambil al fondo. En primer plano otra obra invisible durante casi una década: el inmenso casino de la esquina de Urapal.
¿Cuándo será visitado por la Comisión de Casinos, Salas de Bingo y Máquinas Traganíqueles?

Bien por el presidente Chávez, quien acaba de admitir vía telefónica en un programa de entrevistas en el Canal 8, que la decisión no pudo tomarla antes porque no sabía de la construcción del infame armatoste. ¿Cómo creerle a mi querido y respetado presidente Chávez?
Es el colmo de la irresponsabilidad de los decisores involucrados, que deberían ser interpelados cuanto antes, a saber: Freddy Bernal, Juan Barreto, los concejales que aprobaron la medida, el propio Contralor General de la República, Clodosvaldo Russián, ratificado en su cargo y quien despacha a pocas cuadras de allí, en la avenida Andrés Bello.
Durante estos tres años de construcción, pasaron por allí con bastante probabilidad —no puedo asegurarlo— el Ministro del Interior y Justicia (Ramón Rodríguez Chacín, quien antes cerraba la calle hacia Platanal cada mañana a su llegada con su cohorte de camionetas y hombres armados, puertas abiertas y cuerpo afuera y, ahora, Tarek El Aissami), la propia Fiscala del Pueblo tuvo que haberlo visto ahora y antes, también Isaías Rodríguez, quien lo veía al llegar muy tempranito cada mañana a su despacho en su carro blindado y sin aspavientos por la avenida Universidad.
Supongo que también debieron haberlo visto descuidadamente al dirigirse allí mismo a la Plaza Morelos, la Defensora actual y el Defensor del Pueblo anterior, Germán Mundaraín, con ese garbo inconfundible de quien jamás declaró desde una maternidad o una cárcel a pesar de su apertura, todo hay que decirlo, pues fue de los pocos funcionarios que recibió a los grupos LGBT durante la discusión de la Reforma Constitucional de 2006. Sin embargo, nos consta que la Defensora y el Defensor no despachan desde la sede de la Plaza Morelos, sino desde la propia avenida Urdaneta en la Torre Latino, desde unas confortables y lujosas oficinas.
Las cámaras de la Av. Universidad en plena plaza Parque Carabobo no registran ni a la delincuencia, ni la indigencia, ni las toneladas de basura que adornan todo el espacio

¿Quién no vio a esa mole crecer año tras año, quién no vio cómo se inundaba el foso de tierra amarilla en épocas de lluvia, cuando la construcción se detenía? Tampoco los medios de información privados lo vieron. ¿Y cómo? Tampoco lo vieron los medios alternativos o muy pocos de ellos que le dieron mínima cobertura al monstruo que crecía antes sus ojos. Todas y todos lo vimos. Era casi imposible no verlo o padecer el infernal tráfico automotor que llegaba a niveles de histeria cuando los semáforos de la Vollmer y la Andrés Bello se estropeaban.
Para montarle una estructura metálica al mamotreto en su puerta principal, la avenida oeste estuvo cerrada por más de dos semanas, y entre los negocios de electrodomésticos, restaurantes y los camiones de recolección de desechos —que son varias toneladas— se trancaron las vías hasta el punto del desastre.
Toda esa zona está colapsada desde el punto de vista vial y urbanístico: calles demasiado estrechas por donde antiguamente pasaba el tranvía eléctrico. La Candelaria cumplió 258 años de fundada, según los colonizadores españoles y, sin embargo, son mínimos los esfuerzos exitosos y visibles por rescatar su historia: nadie sabe del tranvía, ni del patrimonio histórico y artístico de sus construcciones viejas, el Paseo Anauco que lleva años en restauración y jamás hemos visto algo concluido, sino las repugnantes vallas publicitarias del Ministerio del Ambiente con la inmensa cara de nuestro querido Presidente Chávez, el alcalde de Venezuela.

Los ecocidas parecen decir "¡Ahora vamos por los árboles! ¡Que no quede ni uno sólo de ellos en pie!"

Ya hemos dilapidado un capital político importante gracias a la impunidad, a la indiferencia, la falta de compromiso con el trabajo político de las bases.
La Parroquia Candelaria ha sobrevivido al margen de todas las leyes y el sentido común urbanístico: están acabando con sus árboles, aquellos mijaos centenarios que un grupo de ecologistas ha denunciado incansablemente ante los oídos sordos del resto de la comunidad y los grandes ministerios, como el del Ambiente, el Ministerio de Infraestructura y todos aquellos que han volteado la mirada ante el arrase capitalista.

El Ministerio del ¿Poder Popular? para el Ambiente ha hecho silencio sepulcral con el exterminio de los mijaos centenarios con gasolina y fuego. ¿Quién los mató?

"Candelaria hermosa, brillante lucero..." no la virgen, sino la parroquia, muere de mengüa atestada de toneladas de desechos sólidos, provocando una contaminación inadmisible de los contenedores de basura, ahogada en monóxido de carbono que escupen miles de tubos de escape que a diario transitan sin conseguir estacionamientos, puesto que existen muy pocos, y ahora sin árboles, porque a los comercios como Dorsay les molesta y otros que han seguido su ejemplo.
¿Estos funcionarios y funcionarias que pasan a diario por allí no ven estos desastres urbanos y ecológicos? ¿Es invible todo esto para sus ojos, fue un acto de magia del mago Cohen? ¿O llegaban en helicópteros directo a sus helipuertos que tienen, al menos, la Fiscalía, la Contraloría y demás entes gubernamentales? ¿Ni siquieran vieron la mole desde el aire?
No sólo hemos sido cómplices silenciosos, sino que también hemos propiciado la construcción de estos templos del consumo contemporáneo. Baste ver el extraordinario reportaje de Luigino Bracci en su blog sobre la inauguración del Millenium Mall por parte del exgobernador Diosdado Cabello con su cómplice José Vicente Rangel Ávalos. A ellos también habrá que pedirle cuentas por su falta de coherencia política y revolucionaria.

¿Cuánto tiempo llevan estos "espacios recuperados" esperando un plan que les devuelva la utilidad colectiva?

Otro de los aspectos críticos con que se toparán en este período los nuevos alcaldes y el resto de las autoridades como el Seniat y la fiscalización tributaria, así como la silenciosa Comisión Nacional de Casinos, Salas de Bingo y Máquinas Traganíqueles, será enfrentar a las poderosas mafias dueñas del negoción ilegal que está allí mismito, al lado del monstruoso Sambil Candelaria, en la esquina de Urapal: el impresionante casino que ha funcionado en la total clandestinidad pública —valga el contrasentido— a vista de todas y todos los que transitamos a diario por allí. Ese es otro monumento invisible que nadie ha visto en los últimos 10 años. Una década completa y no hay manera de que las autoridades como Titina Azuaje le meta el pecho a mafias tan nocivas como prósperas que actúan en la más absoluta y completa impunidad. Efectivamente, en esta cuadra embrujada todo es invisible y nadie puede ver lo que allí ocurre. ¿Así puede tener futuro el socialismo bolivariano?
Otra invasión invisible: la torre que está en plena avenida Andrés Bello, justo al lado de la mole de vidrio y concreto sede del Banco Mercantil.

La conspiración del dinero utilizado para los fines más despreciables por parte de Salomón Cohen y su empresa constructora de cárceles comerciales en pleno trópico ha quedado descubierta por el Alcalde de Venezuela, de los 336 municipios, Hugo Chávez. El único que tienes ojos para ver y oídos para escuchar con atención y actuar a favor de las comunidades, de los que padecemos y morimos un poco cada día en esta Caracas amada y odiada al mismo tiempo.
No dilapidemos más capital político, abajo las máscaras, sirvámosle al pueblo con calidad revolucionaria, como decía Alfredo Maneiro y no nos suicidemos en primavera.

El Paseo Anauco es otra deuda con La Candelaria. Lleva años en restauración y todavía espera la conclusión de las obras de mejora, mientras se ahoga bajo las moles de concreto armado y vidrios.

La imagen está tomada justo al lado de la otra mole llamada "Galerías Avila" y la sede del Banco Exterior, en plena avenida Urdaneta.

Justo al frente del casino de la esquina de Urapal, apenas comienza el elevado que es el techo de un grupo de indigentes que duermen felices e indocumentados mientras danzan los millones a su alrededor...
a nadie importan estos seres humanos. Importan los clientes y los tarjetahabientes...

La imagen es habitual en la Plaza de Parque Carabobo